Es inevitable imaginar a doña Rosa Chirichigno en
el stud Oasis del antiguo hipódromo de Santa Beatriz
recibiendo con una sonrisa al pequeño Augusto entre
sus brazos, sin importarle haberlo traído al mundo
en tan impensable lugar.
Entonces era 1919 y gobernaba Leguía. Don Santiago
Ferrando, preparador de caballos de carreras recibió
con beneplácito al segundo de sus cuatro hijos, del
que esperaba continuaría la labor familiar en el
hipódromo. Es así que la juventud de Augusto
transcurrió entre jinetes, caballos y apuestas.
Tenía apenas 15 años cuando debutó
en Radio OAX narrando y comentando las carreras de Santa
Beatriz, San Felipe y Monterrico. Por entonces estudiaba
en el colegio Salesiano y en su cabeza revoloteaba la idea
de dedicarse al sacerdocio. Felizmente para el Perú,
Dios comprendió que lo suyo eran los micrófonos
y con una venia lo dejó partir hacia otros caminos.
Su carrera siguió en ascenso y su tremenda voz se
escuchó en las radioemisoras Nacional, San Cristóbal,
Victoria y Excélsior, donde promovió el juego
"La Polla Real". Paralelamente, continuó
sus estudios de contabilidad ("quizás
por eso soy un gran contador de chistes",
le gustaba decir) y fundó "La Peña Ferrando",
donde amenizaba con su buen humor las carreras de caballos.
Hasta que llegó el gran salto a la televisión.
Augusto
Ferrando en la época de oro en la Escalera
del Triunfo.
"¡Yo lo descubrí!"
El éxito de "La Peña Ferrando"
obligó a presentar el espectáculo en vivo
en diferentes salas de teatro, tanto de Lima como de provincias.
En él, la comicidad del "Negro" se unía
a la de César "Loco" Ureta, Fernando Farrés
y otros artistas como nicomedes Santa Cruz.
Cuando Ferrando ya contaba con 41 años maduros y
un prestigio bien ganado tras los micrófonos, el
buen ojo del cronista Guido Monteverde lo encontró
en Radio Excélsior y lo llevó a la televisión,
a "La Escalera del Triunfo" del canal 9. Así,
el futuro descubridor de talentos fue tardíamente
descubierto.
Pocos años después, en 1966, los emprendedores
hermanos Delgado Parker lo convocaron a Panamericana para
que anime una pequeña secuencia del programa ómnibus
"Perú 66". Dicho espacio se llamaba "Trampolín
a la Fama" y con él Ferrando conseguiría
lo que otros anhelaron durante mucho tiempo: tener éxito,
lograrlo para otros y regalarles alegría a sus innumerables
seguidores.
Siempre Contigo
30 años duró el programa concurso sintonizado
de la televisión peruana. Tres décadas que
inicialmente mostraron a un corpulento moreno de cabello
lacio y desmedido vozarrón -a quien alguna vez apodaron
"Jinete de Elefante"- y que durante sus postrimerías
fueron testigos de cómo las fuerzas del más
grande "showman" nacional, el de las estridentes
camisas y las emblemáticas frases, se fueron acabando.
Acompañaron a Ferrando en su labor personajes que
aún perduran en nuestra retina: el sumiso Felipe
Pomiano "Tribilín", quien pese a ser blanco
de sus bromas lo quería como a un padre; la inefable
Gringa Inga, con sus pésimos chistes; Leonidas Carbajal
y su florido verbo; Violeta Ferreyros, Camucha Negrege,
su hijo Alberto "Chicho", y tantos otros...
El "Trampolín" cumplió con creces
su cometido y permitió ver la luz de la fama a numerosos
artistas que le quedarán agradecidos siempre. Sin
Ferrando y su programa quizás jamás habríamos
conocido del talento de Augusto Polo Campos, ni del humor
de Pablo Villanueva "Melcochita", ni el de Miguel
"Chato" Barraza, ni la melodiosa voz de su hermana
Cecilia, ni tampoco las imitaciones de Carlos Alvarez y
Jorge Benavides, ni de tanta, tanta gente, difícil
de resumir en esta pequeña nota.