Lindísima Gente
Augusto Ferrando: humor constante más
allá de la muerte
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Se formó en la radio entre carreras de caballos
y en la televisión hizo el programa de más
larga sintonía de la historia nacional. Su Peña
Ferrando fue el trampolín de varias generaciones
de cantantes y cómicos, algunos (como Lucha Reyes
y el Loco Ureta) míticos. La frase "Yo lo descubrí"
llegó a ser un eslogan de su genio. Paternalista,
sentimental e inescrupuloso, fue acusado de humillar a su
público a cambio de una grandilocuente generosidad
bañada de lágrimas. Llegó a tirar dinero
desde un helicóptero, mientras cada sábado,
a cambio de cocinas de cuatro hornillas, sometía
al público a pruebas que buscaban la carcajada. Aún
así, el pueblo lo adoraba y se reía con su
socarrona facultad de improvisación. Seguiría
en la televisión si los desgastes de la vejez no
hubieran sido tan evidentes. Su muerte estuvo precedida
de líos familiares y de bolas periodiqueras sobre
una penosa enfermedad, que finalmente, terminaron convirtiéndose
en verdad. El cáncer se llevó a Augusto Ferrando
mientras dormía. Fue un monstruo en todos los sentidos
de la palabra.
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