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María Esther Lucanas Navarro fue una de las tres
primeras mujeres humildes que llegó al canal para
decirle adiós a su animador preferido. Su ingreso
al 'set', al que siempre acudió en busca de suerte,
impresionó a los presentes. Verla llorar como si
el deceso fuera el de un pariente cercano y luego, verla
desmayarse de la impresión ante el féretro
conmovió, no sólo porque detrás de
ella una jauría de fotógrafos peleaba por
la foto sensacionalista, sino porque después, alejada
de las cámaras y detrás de los arreglos florales,
vimos a esta humilde mujer llorando sin consuelo la partida
de su negro lindo.
"Yo lo quería desde que era muy chica, señorita.
Un sábado Ferrando me eligió para concursar.
Le recé a mi abuela que está en el cielo y
gané ciento cincuenta dólares. Otra vez me
regaló un minicomponente y me hizo jurar en pantalla
que jamás lo vendería y le juro, señorita,
que lo tengo".
María sigue recordando secuencias de su programa
preferido mientras a un costado una fila ordenada de señoras,
jóvenes y ancianos sigue desfilando ante el cajón
llorando la muerte del animador.
"Yo gozaba con él. Yo me reía mucho.
Después formé mi hogar, tuve a mis hijos y
siempre vine a probar suerte. Cuando tenía plata
tornaba mi micro y llegaba como a las diez de la mañana
para hacer mi cola. Cuando no tenía para el pasaje
salía de mi casa que queda en San Martín de
Porres y caminaba. Cerraba mi puerta a las cuatro de la
mañana y llegaba a la avenida Arequipa a eso de las
once. No me importaba, señorita: caminando o en micro
yo llegaba".
Pero, ¿qué los empujaba a tanta lealtad?
¿Sólo la pobreza que pretendían aliviar
en un dia? Muchas de las personas que ayer, en medio de
un sudor generalizado pugnaban por ingresar al 'set' de
cualquier manera, nos ayudaron a ensayar respuestas a estas
preguntas.
Sin querer o queriendo, Augusto, finalmente, terminó
anclándose en esa clase pobre, que es mayoría
en nuestro país, simplemente porque no discriminó.
Su programa de concurso no mostró ni a los más
bonitos en primera fila ni a los que hablaban mejor. Como
dice Violeta, la popular coanimadora de Trampolín
a la Fama, éste terminó siendo un programa
para pobres que, aunque criticado por su estilo, era observado
por todos.
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