Augusto Ferrando  
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¡Adiós, negrito lindo!

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María Esther Lucanas Navarro fue una de las tres primeras mujeres humildes que llegó al canal para decirle adiós a su animador preferido. Su ingreso al 'set', al que siempre acudió en busca de suerte, impresionó a los presentes. Verla llorar como si el deceso fuera el de un pariente cercano y luego, verla desmayarse de la impresión ante el féretro conmovió, no sólo porque detrás de ella una jauría de fotógrafos peleaba por la foto sensacionalista, sino porque después, alejada de las cámaras y detrás de los arreglos florales, vimos a esta humilde mujer llorando sin consuelo la partida de su negro lindo.

"Yo lo quería desde que era muy chica, señorita. Un sábado Ferrando me eligió para concursar. Le recé a mi abuela que está en el cielo y gané ciento cincuenta dólares. Otra vez me regaló un minicomponente y me hizo jurar en pantalla que jamás lo vendería y le juro, señorita, que lo tengo".

María sigue recordando secuencias de su programa preferido mientras a un costado una fila ordenada de señoras, jóvenes y ancianos sigue desfilando ante el cajón llorando la muerte del animador.

"Yo gozaba con él. Yo me reía mucho. Después formé mi hogar, tuve a mis hijos y siempre vine a probar suerte. Cuando tenía plata tornaba mi micro y llegaba como a las diez de la mañana para hacer mi cola. Cuando no tenía para el pasaje salía de mi casa que queda en San Martín de Porres y caminaba. Cerraba mi puerta a las cuatro de la mañana y llegaba a la avenida Arequipa a eso de las once. No me importaba, señorita: caminando o en micro yo llegaba".

Pero, ¿qué los empujaba a tanta lealtad? ¿Sólo la pobreza que pretendían aliviar en un dia? Muchas de las personas que ayer, en medio de un sudor generalizado pugnaban por ingresar al 'set' de cualquier manera, nos ayudaron a ensayar respuestas a estas preguntas.

Sin querer o queriendo, Augusto, finalmente, terminó anclándose en esa clase pobre, que es mayoría en nuestro país, simplemente porque no discriminó. Su programa de concurso no mostró ni a los más bonitos en primera fila ni a los que hablaban mejor. Como dice Violeta, la popular coanimadora de Trampolín a la Fama, éste terminó siendo un programa para pobres que, aunque criticado por su estilo, era observado por todos.


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